viernes, abril 27, 2007
Déjà vu
Nace gato con dos caras en Badajoz...



Y yo tengo la incómoda sensación de que ya lo había visto antes...



Está el asunto de los cigarrillos, claro, pero igual hay que darle tiempo al gatito para que pille el vicio.

¿Quién se lo dice a Warren?
 
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miércoles, abril 04, 2007
Genarín
Extraído de Genarín y el Gobernador, de José María Merino (publicado en Cuentos del reino secreto).

Genarín era un pellejero vagabundo, muy popular entre el golferío modesto de la capital, que repartía prensa cuando no estaba fuera de combate por el delirio del aguardiente de orujo. La madrugada del Viernes Santo del año 1929, mientras regresaba a su cubil a lo largo de la calle Carreras, junto a las murallas, después de las habituales libaciones, debió de tener un retortijón y, sin pensárselo dos veces, se bajó los pantalones.
Entonces estrenaba el municipio camión de recogida de basuras. Sumido en los esfuerzos de su necesidad y abrumado por la modorra del alcohol, Genarín no vio el camión. Por su parte, sin duda el conductor confundido los pardos harapos de Genarín con el color de las murallas. El caso que se lo llevó por delante.
—Lo mató, vamos —dijo el Gobernador.
—Lo dejó seco —repuso el Secretario.
Quienes primeramente se acercaron al cadáver de Genarín fueron unas rameras que tenían establecimiento una las cercanías. Una de ellas le tapó la cara con un periódico.
Aquella coincidencia extraña de fechas, situaciones, agentes y testigos, le dio a la muerte de Genarín un significado especial, doblemente escatológico, entre la comparsa tabernaria. El caso es que, en la madrugada que se cumplía el primer aniversario del óbito, se celebró ante el lugar de autos una grotesca ceremonia funeral, que se fue repitiendo ya todos los años, en la misma fecha y hora, dando origen a una especie de cofradía, la de «nuestro padre Genarín», que dirigían cuatro Hermanos Mayores, «los cuatro evangelistas», y que esa noche se acercaba a aquel lugar recorriendo la vieja carretera de los cubos en una procesión cuyo séquito estaba compuesto por los galloferos, borrachines y tipos pintorescos de la marginalia capitalina, así como con muchas hermanitas del pecar. Los miembros de la procesión iban provistos a discreción de botellas de orujo, que les ayudaba a defenderse del frío y, a modo de rezos y letanías, iban entonando letrillas, romances y cantares alusivos al difunto, compuestos la mayoría por un poeta local que tenía relación con aquella gente.
La ceremonia concluía ante el sitio mismo del mortal accidente, con el entierro de un ajo, y uno de los cofrades, el hermano colgador, trepaba por la muralla, aprovechando los huecos entre los cantos, y dejaba en una oquedad algunas botellas de orujo, para calmar la sed del espíritu del Genarín. Luego fueron añadiendo otras ofrendas: un queso y naranjas —al parecer, los manjares predilectos del muerto— y una corona de laurel.
—Pero esa noche, ¿no sale esa procesión que llaman de Los Pasos? —preguntó el Gobernador.
—Sí señor. Imagínese usted, es Viernes Santo. Sale La Ronda.
El Gobernador miraba interrogativamente al Secretario, pero este sacudió las manos con gesto de negación.
—La verdad es que nunca coincidieron. La Ronda de los Pasos sigue otros derroteros. Aunque no dejaba de ser chocante que, mientras los cofrades de verdad iban buscandose de casa en casa con toda solemnidad, dándose unos tremendos campanillazos y esas voces de «levántate, hermanito, que ya es la hora» para ir organizando la procesión, toda la chusma se fuese reuniendo también para formar su cortejo.
—¿Y después de la Guerra? -preguntó el Gobernador.
—A los pocos años, la cosa volvió a ser como antes. Aquí la gente es muy peculiar.
Genarín incorporó su leyenda a la mitología popular del Barrio Húmedo y de las peñas deportivas. Cuando, después de inaugurado el nuevo estadio, la Cultural perdía todos los partidos, la cofradía, acompañada de una multitud, fue una noche y, con un complicado ceremonial, plantó ajos en las cuatro esquinas del campo. Genarín realizó su primer milagro, y los hados fueron propicios al equipo.
—¿Y el obispado?
El Secretario se frotó las manos y torció la boca con una mueca vagamente conspiratoria.
—Ya conoce usted la prudencia de nuestra Santa Madre Iglesia. Directamente, nunca se manifestaron.
Aquella ceremonia, que se denominó "el entierro de Genarín", siguió celebrándose año tras año. En la Semana Santa de 1960, el número de sus secuaces alcanzó al parecer las tres mil personas. Se dijo que acudía a aquel entierro burlesco más gente que a la procesión sagrada, sustituyendo la obligada abstinencia por la copiosa libación y los padrenuestros por las coplas. El «entierro de Genarín» era un secreto a voces, ya que no había merecido comentario alguno en los órganos de comunicación de la ciudad. Pero la multitudinaria asistencia de aquel año suscitó una violenta diatriba en un viejo periodista piadoso, y el Gobernador Civil de entonces decidió proscribir para lo sucesivo aquel rito.
El Gobernador dejó la instancia sobre la carpeta.
—Y se les ocurre resucitarlo precisamente ahora.
—Es que ha llegado la democracia. Mire cómo lo jalean en este semanario.
—Bueno —dijo el gobernador—. Déjeme la instancia. Ya tomaré una decisión.

El cuento sigue, convirtiendo la reinstauración de la costumbre en una historia de fantasmas muy peculiar, pero esta primera parte es un resumen estupendo de la que se lía por aquí todos los jueves santos (lo explica bastante mejor que la entrada de la Wikipedia, por cierto). Para una versión más ampliada del asunto, es imprescindible un librito de Julio Llamazares, El entierro de Genarín : evangelio apócrifo del último heterodoxo español, que a pesar del titulo es un texto muy, muy divertido que cuenta la historia del borracho que murió atropellado por el primer camión de la basura de la ciudad, mientras aliviaba el vientre a un lado de la carretera, de sus "evangelistas" —un taxista, un árbitro de fútbol, un calavera de buena familia y un poeta— y de sus tres o cuatro milagros reconocidos (lo de la curación de una cirrosis terminal no es nada comparado con lo de evitar que la Cultu, el equipo local, bajase a segunda. Aunque parece que los años siguientes no plantaron bastantes ajos, juas). Además es una descripción muy curiosa de los bajos fondos de la ciudad a principio de siglo, pero todo narrado con una falsa seriedad, a la manera de las vidas de santos canónicas, que hace que resulte más divertido todavía. No sé si será fácil de conseguir en otros sitios, pero aquí lo regalan con el diario del jueves.
Mañana, cuando en la muy cansina ronda por las procesiones nacionales en el telediario, salga ese macrobotellón en que se ha convertido el entierro, yo andaré por ahí, poniéndome hasta las patas de limonada a vuestra salud.
(Y que no os engañe el nombre, la limonada leonesa es una especie de sangría).
 
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viernes, febrero 09, 2007
Siento tener que insistir pero...
 
engendrado por Raquel a las 2:44:00 PM | Permalink | 1 comentarios
jueves, febrero 08, 2007
The Gunslinger Born

¿Qué? ¿Es que no me lo va a regalar nadie?
 
engendrado por Raquel a las 11:45:00 PM | Permalink | 4 comentarios
lunes, enero 29, 2007
Mundo
Cuando San Agustín escribía sus Soliloquios.
Cuando el último soldado alemán se desmoronaba de asco y de impotencia.
Cuando las guerras púnicas
y las mujeres abofeteadas en el descansillo de una escalera,
entonces,

cuando San Agustín escribía La Ciudad de Dios con una mano
y con la otra tomaba notas a fin de combatir las herejías,
precisamente entonces,
cuando ser prisionero de guerra no significaba la muerte, sino la casualidad de encontrarse vivo,
cuando las pérfidas mujeres inviolables se dedicaban a reparar las constelaciones deterioradas,
y los encendedores automáticos desfallecían de póstuma ternura,

entonces, ya lo he dicho,
San Agustín andaba corrigiendo las pruebas de su Enchiridion ad Laurentium
y los soldados alemanes se orinaban encima de los niños recién bombardeados.

Triste, triste es el mundo,
como una muchacha huérfana de padre a quien los saltea­dores de abrazos sujetan contra un muro.
Muchas veces hemos pretendido que la soledad de los hombres se llenase de lágrimas.
Muchas veces, infinitas veces hemos dejado de dar la mano
y no hemos conseguido otra cosa que unas cuantas arenillas pertinazmente intercaladas entre los dientes.

Oh, si San Agustín se hubiese enterado de que la diplomacia europea
andaba comprometida con artistas de variétés de muy dudosa reputación,
y que el ejército norteamericano acostumbraba recibir pa­quetes donde la más ligera falta de ortografía
era aclamada como venturoso presagio de la libertad de los pueblos oprimidos por el endoluminismo.

Voy a llorar de tanta pierna rota
y de tanto cansancio que se advierte en los poetas menores de dieciocho años.

Nunca se ha conocido un desastre igual.
Hasta las Hermanas de la Caridad hablan de crisis
y se escriben gruesos volúmenes sobre la decadencia del jabón de afeitar entre los esquimales.

Decid adónde vamos a parar con tanta angustia
y tanto dolor de padres desconocidos entre sí.

Cuando San Agustín se entere de que los teléfonos auto­máticos han dejado de funcionar
y de que las tarifas contra incendios se han ocultado tími­damente en la cabellera de las muchachitas rubias,
ah entonces, cuando San Agustín lo sepa todo
un gran rayo descenderá sobre la tierra y en un abrir y cerrar de ojos nos volveremos todos idiotas.
Blas de Otero

Que, por si no lo sabes, es el padre putativo de este blog y patrón de esta santa casa.
 
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jueves, enero 25, 2007
Démodé
La primera entrada del año es para anunciar el primer cuento publicado del año. Con algo de retraso sobre el horario previsto —por unas merecidas vacaciones que se tomaron en la revista— acaba de salir otro cuento mío en el número 170 de Axxón. El décimo que sale allí, para ser exactos, como comenta Sergio en la entradilla (y eso que no contaron los ultracortos). La ilustración es preciosa, como siempre, obra del venezolano Daniel Erazo (enlace a su galería en Arte Fantástico).
El relato se titula Démodé y ya estáis tardando en ir a leerlo. Además, está muy bien acompañado (justo debajo hay un cuentazo de Kit Reed que, por casualidad, está algo emparentado con el mío).
Ahora os dejo con la definición que hay en el Glosario del Sitio de Ciencia-ficción de la palabreja que da nombre al cuento.

Galicismo (es decir, procedente del francés) que quiere significar que algo está pasado de moda.
Es un barbarismo que indica la notable pedantería del personajillo que hace la gracia de utilizarlo.

Qué bien me conoces, Francisco José.
;-)
 
engendrado por Raquel a las 5:55:00 PM | Permalink | 7 comentarios
domingo, diciembre 24, 2006
¡Feliz Navidad!
 
engendrado por Raquel a las 7:23:00 PM | Permalink | 1 comentarios
ecoestadistica.com